Por fin, después de tanto tiempo, después de tantísimo tiempo has regresado.
Conozco esa miradita lastimera, conozco ese lenguaje corporal, agachas los hombros y no separas la vista del piso ¿podrías sacar las manos de tus bolsillos? Siempre me ha desesperado ese gesto en ti.
Mientras hablas con una vocecilla casi imperceptible no puedo evitar recordar las mil y un situaciones incomodas en las que me vi ‘atorada’ por tu culpa, sí ¿creías que soy buena perdonando? Já, ternura. ¿Qué dices? ¿Qué quieres qué? ¿Mi a-yu-da?
Fue inevitable, sonreí y te diste cuenta.
No están para saberlo pero yo sí para contarlo –y contarlo con harto orgullo porque así soy yo-
Hace días regresó alguien de mí pasado a mi presente y lo hizo de la forma antes mencionada, arrepentido, desamparado, destrozado, sin nadie en el mundo… O al menos eso quiso dar a entender.
Siempre que me despido de alguien de forma destructiva me pregunto si algún día regresará, imagino cómo sería negarles una mano amiga en honor a ‘aquellos tiempos’ y disfruto riendo e imaginando todo tipo de situaciones, porque sí; mi naturaleza es vengativa. Aunque no soy de las que llevan a cabo elaborados planes sí me gusta aprovechar las ‘vueltas del destino’ –awww qué romántica- para satisfacer mi necesidad ‘chingativa’.
La verdad, la verdad, me sorprende como alguien puede pasar de ser importante y esencial a no significar nada, me gustaría poder identificar ese momento en el que uno se despierta y dice –pero dice en serio- “¡Me vale madres lo que pase con Fulan@ a mí ya no me importa!”
Awwwww ¡Qué bonito es lo bonito! ¡Y qué bonito es tomar venganza de acontecimientos pasados! Por más que se dejen de lado los ‘rencores’ siempre es gratificante mandar a alguien a chingar a su madre :3
- Necesito tu ayuda…
- No.
- Pero ni quiera sabes que te voy a pedir
- NO.
- Por favor
- NOOO
- Eres la única persona que me queda
- Fíjate y ya me estoy yendo, mi respuesta es simple… NO.
.


