Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero la Universidad en la que estudié –porque sí, estudié la universidad aunque parezca que no acabé ni secundaria- era por demás religiosa y pretenciosa.
El director de dicha casa de educación impartía una clase cuyo nombre no recuerdo, pero nos trataba de meter la vida de Cristo con la técnica Ludovico. Películas, fotos, historias, libros, cuestionarios, todo lo habido y por haber era válido para hacernos entender que Dios Nuestro Señor es Salvador de Nosotros Pobres Pecadores.
Recuerdo que el primer viernes de cada mes acondicionaban el auditorio de la escuela con cuadros de santos, cruces enormes, altares al señor y demás símbolos católicos; pasaban de salón en salón reclutando a todas las almas sucias para después o-bli-gar-las a confesarse, tomar asiento y así dar comienzo a la santa misa.
El director realmente se esforzaba en eso, mandaba traer al Santo Padre de Catedral –que es conocido por su mal humor- y así nos torturaba por una larguísima hora.
Por si fuera poco, al religioso ese no sé quién demonios le metió la idea de que la misa debía ser dinámica y nos hacía preguntas para ver si estábamos aprendiendo bien.
En fin, como podrán imaginarse, todos esos primeros viernes de cada mes me la pasaba perfeccionando mi teoría de "como hacer una máquina del tiempo con chicle y alpiste", hasta que un trágico día, al padre se le ocurrió decir las siguientes palabras:
“A ver, pasa tú, la señorita de playera azul”
Al principio no entendí porque todos usábamos esa horrible playera azul –sí, también teníamos uniformitos ñoños- pero cuando sentí la mirada de todos comprendí que era a mí a quien llamaban al paredón.
Para no hacer el cuento largo, pasé al frente sin saber muy bien de que se trataba, el padre me dio su librito de oraciones y apuntó con el índice algo que –yo supuse- tendría que leer en el micrófono.
Y sucedió algo así:
Lady Jesus: Oh ¿quiere que lea esto? –Dice en el micrófono-
Padre: Sí –le aleja el micrófono porque todos los presenten se comienzan a reír-.
Lady Jesus: Ok, aammm… “Blablablabla” [Insertar aquí palabras religiosas]
El conejo se queda callado en espera de que los demás respondan pero el silencio sepulcral invade la sala.
Lady Jesus: Ajá… aquí es cuando ustedes dicen “Ruega por nosotros”… Vamos, vamos, digan, no sean tímidos. –Dice mientas los alienta con las manos para que hablen-
Lady Jesus: Aaaahhh, es que… no les dije que tenían que decirlo ¿verdad? Aunque es obvio, creo.
SILENCIO…. RISITAS.
Lady Jesus: Ok, este, eso… Yo hablo y ustedes responden lo de “Ruega por nosotros” ¿Sí?
SILENCIO
Lady Jesus: ¿Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii? ¿Ho-la? Ok, interpretaré su silencio. “Blablablabla… ¿ah?”
Es interrumpida por el padre quien le quita el librito.
Padre: Gracias, hija.
Lady Jesus: Pero, pero… aún no termino.
Padre: G-R-A-C-I-A-S hija, TO-MA asiento –dice, empujando al pobre conejo fuera del altar-.
Lady Jesus: Ash ¡qué carácter!
RISAS
La historia no termina ahí, obviamente el padre me regañó frente a todos y el Director sufrió un infarto.
Por eso, señores y señoras no me inviten a los funerales, siempre digo cosas inapropiadas como “¿No lo puedes creer? Pero está ahí, muerta, vamos a verla” y “Ya era hora ¿no?”. Pero me salgo del tema, el punto es… el punto es… emmm…
Largooooooo de mi blog, muchachitos estos.
¡A trabajar/estudiar!
Recuerden que deben pagar mis gustos caros.
*Sabias palabras de mi abuela que… Está muerta ¡JÁ!

