Mostrando entradas con la etiqueta Necesito terapia grupal para olvidar esto.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Necesito terapia grupal para olvidar esto.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de septiembre de 2009

A Dios no le gustan las niñas parlanchinas*

La historia de mi educación es algo confusa y trágica –no, la verdad es muy normal pero quiero hacerme la interesante-.

Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero la Universidad en la que estudié –porque sí, estudié la universidad aunque parezca que no acabé ni secundaria- era por demás religiosa y pretenciosa.

El director de dicha casa de educación impartía una clase cuyo nombre no recuerdo, pero nos trataba de meter la vida de Cristo con la técnica Ludovico. Películas, fotos, historias, libros, cuestionarios, todo lo habido y por haber era válido para hacernos entender que Dios Nuestro Señor es Salvador de Nosotros Pobres Pecadores.

Recuerdo que el primer viernes de cada mes acondicionaban el auditorio de la escuela con cuadros de santos, cruces enormes, altares al señor y demás símbolos católicos; pasaban de salón en salón reclutando a todas las almas sucias para después o-bli-gar-las a confesarse, tomar asiento y así dar comienzo a la santa misa.

El director realmente se esforzaba en eso, mandaba traer al Santo Padre de Catedral –que es conocido por su mal humor- y así nos torturaba por una larguísima hora.

Por si fuera poco, al religioso ese no sé quién demonios le metió la idea de que la misa debía ser dinámica y nos hacía preguntas para ver si estábamos aprendiendo bien.

En fin, como podrán imaginarse, todos esos primeros viernes de cada mes me la pasaba perfeccionando mi teoría de "como hacer una máquina del tiempo con chicle y alpiste", hasta que un trágico día, al padre se le ocurrió decir las siguientes palabras:

“A ver, pasa tú, la señorita de playera azul”

Al principio no entendí porque todos usábamos esa horrible playera azul –sí, también teníamos uniformitos ñoños- pero cuando sentí la mirada de todos comprendí que era a mí a quien llamaban al paredón.

Para no hacer el cuento largo, pasé al frente sin saber muy bien de que se trataba, el padre me dio su librito de oraciones y apuntó con el índice algo que –yo supuse- tendría que leer en el micrófono.

Y sucedió algo así:

Lady Jesus: Oh ¿quiere que lea esto? –Dice en el micrófono-
Padre:
–le aleja el micrófono porque todos los presenten se comienzan a reír-.
Lady Jesus: Ok, aammm… “Blablablabla” [Insertar aquí palabras religiosas]

El conejo se queda callado en espera de que los demás respondan pero el silencio sepulcral invade la sala.

Lady Jesus: Ajá… aquí es cuando ustedes dicen “Ruega por nosotros”… Vamos, vamos, digan, no sean tímidos. –Dice mientas los alienta con las manos para que hablen-

SILENCIO

Lady Jesus: Aaaahhh, es que… no les dije que tenían que decirlo ¿verdad? Aunque es obvio, creo.

SILENCIO…. RISITAS.

Lady Jesus: Ok, este, eso… Yo hablo y ustedes responden lo de “Ruega por nosotros” ¿Sí?

SILENCIO

Lady Jesus: ¿Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii? ¿Ho-la? Ok, interpretaré su silencio. “Blablablabla… ¿ah?”

Es interrumpida por el padre quien le quita el librito.

Padre: Gracias, hija.
Lady Jesus: Pero, pero… aún no termino.
Padre: G-R-A-C-I-A-S hija, TO-MA asiento
–dice, empujando al pobre conejo fuera del altar-.
Lady Jesus: Ash ¡qué carácter!

RISAS

La historia no termina ahí, obviamente el padre me regañó frente a todos y el Director sufrió un infarto.
El punto es… Bueno, en sí no hay punto. Sólo cabe mencionar que cuando me encuentro en una situación incómoda –como la anterior- no puedo guardar silencio y digo todo lo que se me viene en mente, es mi mecanismo de defensa aunque sólo ocasiona que la gente ría de mí y… ya.

Por eso, señores y señoras no me inviten a los funerales, siempre digo cosas inapropiadas como “¿No lo puedes creer? Pero está ahí, muerta, vamos a verla” y “Ya era hora ¿no?”. Pero me salgo del tema, el punto es… el punto es… emmm…

Largooooooo de mi blog, muchachitos estos.

¡A trabajar/estudiar!

Recuerden que deben pagar mis gustos caros.


*Sabias palabras de mi abuela que… Está muerta ¡JÁ!
P.D. Lo intenté con golpes, insultos, amenazas y nada, NADA funcionó, no pude editar el post para que se viera bonito así que... Shhhhh nodigannada.

miércoles, 15 de julio de 2009

Historia de mi breve, brevísima participación en el mundo del cine mexicano.

Hace varios años me encontraba yo plácidamente bebiendo café en alguna parte de la escuela -era hora libre, ni se atrevan a juzgarme- cuando llegó muy emocionado mi antiguo maestro de teatro*, moviendo los brazos y haciendo gesticulaciones exageradas –señal de que algo emocionante había ocurrido- con la respiración entrecortada y escupiendo pedacitos de la manzana que comía. Como pudo me informó que unproductormedianamentefamoso estaba en el rancho/corral/pueblobicicletero haciendo casting para su nueva película.


La noticia me sorprendió bastante, no tanto por la oportunidad sino por el hecho de que alguien se hubiese fijado en este lugar de mala muerte; en fin. Después de que el maestro me dejó una hidratante mascarilla de manzana –argh- me pasó los datos necesarios para tomar el autobús directo a la fama.


Como soy bien pretenciosa, asistí al casting –supongo ya lo imaginaban, si no, no tendría sentido el post-.


El lugar estaba lleno de personas vistiendo sus mejores ropas para bautizos y bodas con la esperanza de que dicho productor los sacara de anonimato y los hiciera “fa-mo-sos”. Uno a uno fuimos pasando a un cuarto en donde frente a una cámara te daban instrucciones al estilo:


Di tu nombre y edad, voltea a la derecha, voltea a la izquierda, ríete, enójate, llora, gracias.


Pasaron los días -inclusive ya había olvidado el casting del mal- cuando ¡Sí! Me llamaron informándome que había pasado a la segunda etapa -¿Etapa? al parecer era un tipo “concurso hacia la fama”- dieron lugar, fecha y colgaron.


Fui a la segunda cita, esta vez unas 4 personas me hicieron preguntas acerca de mi vida mientras un quinto hombre grababa cada movimiento de todos los ángulos habidos y por haber.


Para no hacer esto tan largo y tedioso, me volvieron a llamar y a citar en otro lugar misterioso –llegué a pensar que eso era un reclutamiento para un prostíbulo fino en Europa o uno barato en Cancún, pero no ¡rayos!-. En esta tercera ocasión por fin nos entregaron papeles.


Oh yeah, había conseguido un papel medianamente no importante en una película de dudosa calidad, pero ¡era cine, qué más da!, nos asignaron un coordinador oalgoasí y toda la cosa. El mío –soy posesiva ¿ya se dieron cuenta?- se llamó Emilio aawwwww.


Emilio era simpatiquísimo y muy atento, nos explicaba gustoso todas las idioteces que se nos ocurrían y lo más importante ¡regalaba comida! Pero me salgo del tema; el caso es que Emilio nos daba fechas y siempre tenía el tacto de marcarnos uno a uno para citarnos y preguntarnos qué tal nos iba – doble aaaawwwww-.


Todo iba perfecto PERO…



Un día, sin más ni menos, dejó de llamar, creí que había cometido algún error, tal vez lo asfixié o fui muy posesiva pero después recordé que no estábamos saliendo y me preocupé más. Me tomó mucho, pero le marqué “¡Hey Emilio! ¿Qué pasó, moriste?”


Hubiese preferido hablar con un zombie a medio consumir que escuchar lo que me dijo:


“¡Ayyy Lady Jesus, no tienes ni idea de lo que sucedió; unos chavos de X universidad se ofrecieron a ayudarme para hacer las llamadas pero no les hablaron y me trajeron a sus amigos/familiares, perdón”!


¡¿Qué?! Unos escuincles del demonio me ROBARON mi pasaje con destino a la fama.


La sangre se me fue a los tobillos y lloré –no, la verdad no pero eso le da más dramatismo al asunto- y no me quedó más que decir:


Adiós matrimonio con Jhonny Deep.

Adiós Oscar por mejor actriz

Adiós fugaz romance con Natalie Portman.

Adiós video escándalo en youtube.


Al final Emilio se apiadó de mí –y mi amigo que pasó exactamente por lo mismo que yo, pero me dio flojera nombrar- y nos dio una brevísima aparición en la película**, nos hicieron firmar contrato en donde vendíamos nuestra alma y pagaron considerablemente por no hacer nada.


FIN


*Sí, tomé clases de teatro durante cierto tiempo, de ahí me sale lo drama queen.

** Tan breve, tan breve que cuando vi la película realmente dudé haber participado en ella, pero como sea me pagaron.

*** Fin y no molesten con el tema.